LAS DOCTRINAS TORCIDAS QUE ESTÁN LLEVANDO A MUCHOS A LA PERDICIÓN

Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.

Amada iglesia es hora de estar firmes en la verdad de Dios, para no caer en el engaño del error.

Pedro, el Apóstol, inspirado por el Espíritu Santo exhorta a la iglesia a tener cuidado de supuestos maestros que iban a torcer los escritos de Pablo, para su propia perdición, especialmente los pasajes paulinos “difíciles de entender”. Precisamente, una de aquellas enseñanzas, muy popular en la actualidad, y que está siendo muy acogida por un gran sector de la iglesia, es la falsa doctrina del calvinismo. Esta doctrina que ha torcido los escritos del apóstol Pablo enseña en forma desviada la doctrina de la predestinación.

Pablo evidentemente habla de la predestinación del creyente al referirse al propósito eterno de Dios. Este precisamente es un tema, como dice el apóstol Pedro: “Difícil de entender”, pues toca puntos respecto a los planes de Dios desde perspectiva de la eternidad, que los hombres siendo perecederos en esta vida, si tratamos humanamente de razonar en estos pasajes de las Escrituras, sin ver todo el contexto y la hermenéutica bíblica, es donde podemos caer en el error y torcer la palabra de Dios.
El calvinismo lamentablemente cayó en esto, y como resultado básicamente enseñan que, Dios desde antes de la fundación del mundo ya predestinó, quienes se salvarán y quienes irán al infierno, sin mediar la decisión del hombre. Ellos razonan diciendo: “Si el hombre es quien decide respecto a su arrepentimiento, para salvación, le quita la soberanía a Dios”; no entendiendo que fue Dios mismo quien creó así al hombre con la capacidad de elegir y esto de ningún modo le quita su soberanía (Dt. 30:19; Jos. 24:15; Hch. 3:19; 26); por el contrario, la engrandece.
Esta doctrina también es conocida, como la doctrina de la gracia (Falsa gracia), que enseña que Jesús solo murió por los predestinados para salvación, y no por todo el mundo, ignorando un sin número de pasajes de las Escrituras donde se afirma que Jesús dio su vida por todo el mundo (Jn. 3:16-20; Rom. 5:18; 2Cor. 5:19-20). Asimismo, enseñan que por haber sido predestinados para salvación, una vez salvos jamás podremos perder la salvación o caer de la gracia, no importa que pecado hayamos cometido, suicidio, adulterio, crimen etc., si fuimos predestinados desde antes de la fundación del mundo para ser salvos, jamás podremos perder nuestra salvación. Atrevidamente afirman que esto enseñó el apóstol Pablo, y pobre de aquel que refute sus doctrinas. Irónicamente dicen que estos creyentes están fuera de la doctrina bíblica y caídos en el error, siendo ellos los que han caído en esto.

No es coincidencia que en nuestro texto que encabeza este artículo, Pedro, al hablar de aquellos que torcerían los escritos de Pablo, precisamente estaba hablando de “la salvación”. Y vemos en su carta la doctrina de salvación que Pedro enseñaba. Podemos resumirlo en el pasaje siguiente:

Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.
(2Pedro 2: 20-22)

Pedro está hablando de los falsos maestros, falsos profetas y apóstatas. ¿Qué es un apóstata? Alguien que conoció el camino, gustó de la salvación por fe y renegó de ello para su perdición. Pedro está hablando de ellos y dice que estos hombres arrastrarán a muchos creyentes en su error (2P. 2: 2, 18). Y luego concluye que estos apóstatas y aquellos que los siguieron, “ciertamente habían escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo”, es decir, habían sido salvos, pero se volvieron atrás, perdieron su salvación, volviéndose como el perro a su vómito y la puerca lavada a su lodazal. Vemos que Pedro entonces, refuta abiertamente la doctrina errada calvinista.

Pedro en su carta claramente dice que la enseñanza que él daba, era la misma que también enseñaba el apóstol Pablo. Esto podemos confirmarlo en los escritos siguientes de Pablo:

De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
(Gálatas 5: 4)

Envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas
no heredarán el reino de Dios.
(Gálatas 5: 21)

En los pasajes anteriores de los escritos de Pablo, podemos ver que le está hablando a la iglesia de Galacia y les está diciendo que pueden caer de la gracia y no heredar el reino de Dios. Esta es la razón por la cual afirmamos que tanto Pablo como Pedro, enseñaban que la salvación por gracia se puede perder y, finalmente, Jesús mismo resucitado le indica al apóstol Juan, que a los que vencieren en su Nombre, no serán borrados del Libro de la Vida. Está claro que aquellos que no vencieren, serán borrados del mismo, perdiendo así su salvación.

El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre
del libro de la vida, […]
(Apocalipsis 3: 5)

En otro pasaje del libro de Apocalipsis se repite esta misma verdad, indicando claramente que aquellos que mutilan las Escrituras, sus nombres serían borrados del Libro de la Vida, es decir, estuvieron escritos en aquel libro, (fueron salvos), pero fueron borrados de él, “perdiendo su salvación”.

Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.
(Apocalipsis 22: 19)

(2Pedro 3: 15-16)